“Por sus ideas visionarias, su creencia en compartir libremente conocimientos e invenciones, su espíritu de colaboración y la preocupación por el uso cuidadoso de los recursos, el Premio de Arquitectura Pritzker 2015 es otorgado a Frei Otto”. Así señala el jurado del más famoso premio de arquitectura del mundo su reconocimiento al gran arquitecto alemán.   Nos conocimos en Alemania, al principio de mi relación con Menis, cuando en 1993 una exposición en Stuttgart de arquitectura canaria me acercó a las ideas de la Bauhaus por primera vez. Luego nos regaló la  etérea belleza de su casa invitándonos un día a compartir con él y su mujer y mejor colaboradora, Ingrid Otto, una merienda rodeados de naturaleza, luminosas cristaleras y delicadas maquetas de sus diseños.   Madrid, fue la siguiente parada, donde tras pasar toda la noche terminando una  maqueta para el concurso del Recinto Ferial de Tenerife (que finalmente perdimos y ganó Calatrava), Frei e Ingrid, en lugar de a dormir, prefirieron ir al Museo del Prado hasta la hora de coger el avión de regreso a Alemania. Luego vino la experiencia con ellos en Florencia, en la exposición que Frei Otto tuvo la radical generosidad de compartir con los jóvenes arquitectos canarios Artengo, Menis y Pastrana en la Academia de las Bellas Artes de aquella ciudad en 1995.   La fluidez pionera y visionaria de las obras de Frei Otto es edificante y muy parecida a la naturaleza, de la que aprende de manera magistral y a partir de la cual este arquitecto alemán inventa.  Fallecido el pasado lunes día 9 de marzo de 2015, pocos días después de recibir la noticia de que había ganado el merecidísimo premio Pritzker, Frei Otto era, todo él y su actitud ante la vida, un manifiesto de defensa de la lógica de la naturaleza.   Frei Otto es el autor del audaz e icónico Estadio Olímpico de Munich (1972) y con este diseño hizo crecer la arquitectura y demostró, con la ligereza de sus cubiertas, que la más sólida arquitectura a veces es posible desde la levedad de las formas de la naturaleza. Creaciones suyas son también el Centro de congresos de Mannheim (1975), su pabellón para la exposición universal de Montreal (1967) y los geniales y sutiles paraguas para el tour de Pink Floid por los Estados Unidos en 1977.   Fue amigo de Cesar Manrique y ambos compartían su adelantada preocupación ecológica y su obsesión por demostrar que el planeta y la arquitectura, que él esculpía, podían entenderse, no solo simbólicamente, sino que podían colaborar entre sí. La arquitectura puede estar en sintonía con la naturaleza, sin violentarla, haciendo mejor la vida en la Tierra. Esta idea es la esencia de la mejor arquitectura.   Frei Otto fue además un gran profesor que enseñó en Harvard , y en el MIT y, sobre todo, durante casi 30 años, en la Universidad de Stuttgart. Una vez más, adelantándose a su tiempo, creía en la necesidad de compartir los conocimientos, libremente, y sin obsesionarse nunca por el copy rigth.   Como dice otra amiga común, Kristin Feireiss, “Frei Otto no sólo fue uno de los más geniales e influyentes arquitectos y espíritus visionarios del siglo XX, con sus pioneras invenciones estructurales, su diseño social, basado en el humanismo profundo, su creencia en la investigación fundamental y la definición de la arquitectura como un trabajo en equipo -una interacción de conocimientos colectivos de expertos interdisciplinares-, sino que tuvo, tiene y tendrá un impacto esencial en generaciones de arquitectos de todo el mundo. Con su enfoque holístico Frei Otto iba siempre un paso por delante de su tiempo.” Nos queda su trabajo para seguir disfrutando de sus ideas y sabiduría, pero cuanto vamos a extrañar a Frei Otto y su libertad.