Iglesia del Santísimo Redentor

Datos técnicos:

Arquitecto: Fernando Menis

Emplazamiento: Los Majuelos, San Cristóbal de la Laguna, Tenerife, España. 28°27’40.4″N 16°18’07.6″W

Programa: Iglesia y centro Parroquial.

Estructura: Hormigón armado.

Materiales: Piedra local, hormigón armado, pan de oro.

Estado: Construido Centro Parroquial (2005-2008); en proceso Iglesia (2005 – …). Promotor: Parroquia del Santísimo Redentor.

Premios: 2012 Concrete Innovation Award by the prestigious Ambuja Knowledge Foundation of India

Descripción: La Iglesia del Santísimo Redentor está situada en el extrarradio de la ciudad de La Laguna, World Heritage Site, y está dedicada a la Resurrección, uno de los momentos más importantes en la historia del Cristianismo. La contundencia volumétrica y el juego racional de la luz conforman una iglesia de profunda raíz teológica tal y como deseaba el cliente, el Obispado de La Laguna.

Grandes volúmenes de hormigón conforman junto con la luz la totalidad del proyecto: Un edificio austero, ausente de elementos superfluos. Al entrar, al fondo, aparece la cruz desnuda e iluminada. Detrás, una cascada de luz es simbólica para el cristianismo. La primera luz del día, a través de la cruz, ilumina la pila bautismal, la primera luz del cristiano. Al mediodía, a través del lucernario, se ilumina el altar, la confirmación y la eucaristía. A las 12:00, la Palabra. Un haz de luz se derrama frente al confesionario sobre el sacramento de la penitencia. La disposición estratégica de los lucernarios logra el mismo efecto sobre la unción, el matrimonio y la orden sacerdotal.

En los dos volúmenes finalizados se alojan el Centro Social, la biblioteca y otros servicios de modo que la comunidad local ha podido usar el espacio sin verse afectada por el escasez de fondos. En el Centro Social se celebra la misa, se da catequismo, se reúnen los vecinos, desarrolla su actividad diaria el Párroco. En los dos volúmenes restantes se aloja la Iglesia. Aunque en construcción, el espacio puede albergar celebraciones puntuales. Su apariencia, una vez la obra esté completa, esencialmente, no va a ser muy distinta de la actual.

El proyecto de Fernando Menis plantea un acabado del hormigón y de las cristaleras vinculado con la búsqueda de la máxima coherencia entre las ideas del proyecto y su construcción material buscando el espíritu de la Modernidad. Se utilizan básicamente tres texturas: el hormigón visto de color negro encofrado con tablillas de madera con diferente inclinación en el exterior de cada uno de los cuatro grandes volúmenes autónomos, de textura abrupta en el interior, obtenida mediante su picado con medios mecánicos de alta potencia, recordando la irregularidad de una caverna; la carpintería metálica, con despiece vertical-trapezoidal, dispuesta en los tres espacios intermedios entre piezas, al combinarse con planos opacos del mismo material, introduce una fuerte carga expresiva, evocando la imagen de un órgano y creando un juego de luces y sombras; el vidrio, grabado con textura en relieve de puntas, se dispone en los tramos verticales de los espacios intermedios, matizando la luz, y contribuyendo a esa expresión de luz-sombra. En los lucernarios, el vidrio es transparente, para captar el máximo de la intensidad lumínica.

En palabras del catedrático de proyectos de la Universidad de Valencia, España, Ignacio Bosch, y a modo de conclusión: “la fuerza expresiva, la coherencia y la cualidad del espacio se derivan de una profunda investigación teológico-simbólica y de la utilización magistral del recurso de la luz, luz vertical focalizada de arriba abajo, como se ha venido haciendo en la arquitectura intemporal, aquella que como las Iglesias paleocristianas, bizantinas, góticas, renacentistas, y sobre todo, barrocas, supo hacer de la luz el material más preciado para la construcción del espacio arquitectónico, y que nos ha legado en nuestra historia reciente, obras de arquitectura de gran belleza, como: la Capilla en el MIT, Cambridge, de Eero Saarinen en 1955; el monasterio de la Tourette de Le Corbusier de 1960; la Iglesia de la Luz en Japón, de Tadao Ando, de 1980; o más recientemente, la Capilla de Valleaceron, en Castilla La Mancha, J.C. Sancho y Sol Madrilejos, en el año 2000. Fernando Menis, pues, nos muestra una obra arquitectónica, que podemos considerar una verdadera obra de Arte, una obra única y singular, de alta cualidad formal, material y espacial.”